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Noticia
22.03.2017
Cuanto más alto, más felices


Las etapas de montaña, como la vivida durante la tercera etapa de la Vuelta de esta edición, tienen un magnetismo especial. Esta atracción no es sólo por la posibilidad de ver una carrera animada, ya sea por los ataques constantes ya sea por las estrategias de largo alcance, sino, simplemente, para ver cómo se exprimen hasta la extenuación los principales gallos de un corral donde son pocos los que afinan y muchos los que se desgallitan. El ciclismo es un deporte de gladiadores y el público, los seguidores enfervorizados, quieren ver cómo se dejan la piel.

Quizás, este sea el motivo que las cimas de los puertos más duros o que en los arcenes de las rampas más exigentes siempre se encuentra aquel clamor popular que se abalanzaa sobre unos pobres chicos que, en aquel momento, apenas pueden el mantener el aliento. Quizás, también, los locos de la bicis solo acudan a la llamada de las montañas, una llamada que cuando se oye nadie puede ignorar. En las alturas, en la frontera de tierra y cielo, es el lugar donde los mortales pueden ver cómo los ciclistas se baten en duelo contra sus límites físicos abandonando el mundo terrenal para abrazarse con lo divino.

Quizás, el motivo sea que las montañas se llenan de seguidores porque son conscientes de que para disfrutar de los astros se debe subir muy arriba. En las alturas el tiempo se ralentiza y la gravedad disminuye la velocidad del puñado de elegidos del ciclismo profesional. Se les puede ver el sudor chorrear por el rostro, admirar la infrecuente frecuencia de las pedaladas y se les puede llamar y berrear a sólo medio metro de unos ojos que no ven nada más que el espejismo de una la línea de meta que nunca llega.

Quizás se acercan a disfrutar de la Volta para ver como sus ídolos afrontan los puertos y las rampas que ellos afrontaron el domingo anterior con la grupeta y juntos pusieron lo mejor de sus sonrisas para fotografiarse bajo la señal que reza el nombre y la altura del hito conseguido.

Así son los enamorados de este deporte, el romanticismo de ir en bicicleta es un veneno que una vez se inocula es muy complicado de encontrar el antídoto. Es por eso que tanto nos gustan las etapas de montaña.

Lee la crònica de la tercera etapa de la Volta 2017 con final en la Molina  

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